La curiosidad humana con respecto al día y la noche, al Sol, la Luna y las estrellas, llevó a los hombres primitivos a la conclusión de que los cuerpos celestes parecen moverse de forma regular. La primera utilidad de esta observación fue, por lo tanto, la de definir el tiempo y orientarse.
La astronomía solucionó los problemas inmediatos de las primeras civilizaciones: la necesidad de establecer con precisión las épocas adecuadas para sembrar y recoger las cosechas y para las celebraciones, y la de orientarse en los desplazamientos y viajes.
Nicolás Copérnico (Polonia, 1473-1543) fue el astrónomo que formuló la primera teoría que tomaba al Sol como centro del Sistema Solar. Su libro, «Sobre las revoluciones de las esferas celestes», se considera el punto inicial de la astronomía moderna.
